Habitar el cuerpo, una propuesta para tomar el poder del parto y nacimiento.

Hay un movimiento muy fuerte alrededor del mundo que busca recordar a las mujeres que son dueñas de sus partos, que sus hijos merecen ser recibidos de manera suave, llena de contacto, respetando sus tiempos y procesos. Sin embargo, siguen ocurriendo partos y nacimientos apartados de esta visión. Es más común de lo que se nombra el que las madres y los bebés sean violentados, es decir que pierdan todo poder sobre sus procesos de parto y nacimiento, tanto en clínicas privadas como públicas. Esto ocurre día a día, e incluso muchas madres no saben que ellas ys su bebés han sido violentadas; y a pesar de que a veces hay una voz interna que les dice que algo no estuvo bien, no saben qué es a ciencia cierta.

Hace un tiempo me hice algunas preguntas que he compartido con gente a mi alrededor, con el deseo de encontrar nuevos puntos de vista: ¿Por qué algunas mujeres sí experimentamos un parto respetado, y otras no? ¿Por qué, si todas vivimos en el mismo planeta, vivir un parto respetado sólo ha sido experiencia de unas cuantas? Creo que no habrá una respuesta total, pero quiero compartir lo que he ido recopilando en mi experiencia como madre, como doula en algunos partos en casa y hospital y como doula de posparto en muchas ocasiones.

El embarazo es uno de los momentos más poderosos para sentir el cuerpo, dentro de nuestro vientre vive un nuevo ser que todos los días crece y se desarrolla. Nuestro cuerpo cambia también a cada momento, generamos una cantidad de hormonas y químicos que permiten que bebé se desarrolle dentro de nosotras y esto se siente en cada poro de nuestra piel. Luego llega el momento del parto donde, así como en el embarazo, el cuerpo de bebé y el de mamá hacen todo lo que tienen que hacer para parir y nacer. Pero ¿por qué muchas mujeres siguen experimentando partos desempoderados?,¿por qué muchos bebés siguen recibiendo tratos innecesarios cuando llegan a la vida fuera del vientre de mamá?

Como sociedad existe una educación, una formación en la que sentir nos da mucho miedo; durante toda nuestra vida hemos escuchado frases como: “no llores”, “no pasa nada”, “no te sientas así”, etcétera, etcétera, y es que vivimos en un mundo en el que se corta, se adormece el cuerpo, con hábitos, medicamentos, pensamientos y palabras. Desde pequeños nos educan para que minimicemos nuestras sensaciones y emociones, muchas veces, para no sentir tomamos medicamentos; si nos golpeamos, inmediatamente nos dan algo para no sentir el dolor; las mujeres cuando menstruamos tomamos fármacos para no sentir los dolores menstruales pues resulta muy atractiva la promesa de “vivir como si no pasara nada”. Así que al parir, la misma promesa sigue siendo atractiva: permitimos que nos mediquen para no “sentir tanto” el proceso de parto. Y es que sentir nos da miedo, porque desde pequeñas nos hemos ido alejando de las sensaciones de nuestros cuerpos.

Qué conflicto más grande: tenemos un cuerpo que siente y toda nuestra vida hacen y hacemos lo posible por no sentir. A todos les da miedo sentir o percibir que alguien más siente, por ello vivimos acallando nuestras sensaciones y las de los otros. Y cuando la mujer llega a su parto -que es cuando el cuerpo siente TODO- nos llenamos de miedo pues no estamos acostumbradas a sentir, y mucho menos en las magnitudes a las que el cuerpo llega cuando se prepara para que nuestros hijos nazcan. Pues lo que nos pudo haber preparado para llegar más conscientes a nuestros partos, como las sensaciones del día a día a lo largo de nuestra vida, las sensaciones de nuestros cuerpos en sus procesos menstruales, las hemos reprimido, cortado, medicalizado, adormecido con todo tipo de sustancias, pensamientos, y palabras propias y externas. Por ello, en medio de toda la vorágine de sensaciones que se presentan en el proceso de parto, nos llenamos de miedo y una vez más nos entregamos a algo externo (sistema de salud, médicos, fármacos, etc.): para adormecernos el poder de sentir.

Si deseamos vivir partos respetando nuestros procesos y los de nuestros bebés, habría que comenzar con volvernos a permitir sentir, así como no ser un obstáculo para que el otro sienta, en el día a día, en nuestro cotidiano. Una maternidad empoderada comienza con empoderarnos de nuestros cuerpos, y la vía es SENTIR. Si comenzamos a permitir que las sensaciones aparezcan, primero así como vengan y luego quitando poco a poco las etiquetas y las anécdotas -que sólo son un deseo por justificar ante nosotras y el otro lo que estamos sintiendo-, el miedo a sentir poco a poco irá desapareciendo, y nos daremos cuenta que somos seres que siempre hemos sentido. Haremos consciente la diferencia entre sentir llenas de miedo o sentir vacías de miedo.

No hay manera de que una mujer que se ha empoderado de su cuerpo (re-habitándolo con el permitirse sentir), viva un parto irrespetuoso, pues si ella siente que ese médico, ese hospital, esa partera, esa doula, ese sistema de salud, algún miembro de su familia, alguna condición, etc.; no son las indicadas para su parto, hará caso a su sensación y no se convencerá de lo contrario. Su sentir la llevará a tomar las decisiones adecuadas para vivir su propio parto respetado y el nacimiento que su bebé puede y merece tener.

En muchos casos, la mayoría de los seres humanos nacimos y crecimos deshabitando nuestros cuerpos, pues nuestros padres y la gente a nuestro alrededor estaban también deshabitados, adormecidos emocionalmente (adormecidos de sensaciones). Y ellos, sin saber, estaban reproduciendo ese adormecimiento en nuestros nacimientos y crianza. Es nuestro poder cambiar esa dinámica, empezando por nuestros cuerpos, volviendo a ellos y permitiéndonos sentir sin intentar justificar lo que sentimos ante nosotros mismos ni ante nadie, es nuestro poder al ser habitantes de cuerpos cuya característica es sentir.

Las madres no podemos seguir entregando nuestros cuerpos a las elecciones de otros que también están llenos de miedo de sentir,  reproduciendo una sociedad adormecida de sensaciones. La vía para que las mujeres vivamos partos respetados es habitar el cuerpo, pues es innegable que nuestro cuerpo es el que está habitado por otro ser, del cuerpo nacen nuestros hijos, somos seres concebidos desde la sensación, de una relación sexual entre dos cuerpos que se juntan para sentir.

Seamos compasivas con nosotras mismas, con nuestros hijos, nuestras familias, los médicos, las instituciones de salud, el gobierno y todos los seres humanos: habitemos nuestros cuerpos, permitámonos sentir. Dejemos de delegar en el otro lo que es sólo y únicamente nuestro: nuestros cuerpos, nuestras sensaciones, nuestros partos. Imaginemos un mundo en el que todos nos permitimos sentir sin juicios. ¿Puedes sentirlo?, no hay guerras, no hay luchas, sólo seres sintientes, habitantes de una existencia en un cuerpo congruente, donde la sensaciones no son distintas a lo que se hace, ni a lo que se dice, donde eso que se nombra como paz, se siente sin término, pues la lucha con nuestra naturaleza humana que es sentir, se ha detenido. Nadie tiene miedo de sentir, todos habitamos el cuerpo, y los seres humanos que están llegando son recibidos en paz.

Lila Guerrero, madre y acompañante de maternidad.